lunes, 26 de octubre de 2009

NO ESTAMOS SOLOS... ¿O SI?


Dos científicos de la University of Washington argumentan su escepticismo sobre
la posibilidad de que haya otras civilizaciones avanzadas en el Universo.
El paleontólogo Peter Ward y el astrónomo Donald Brownlee, a diferencia de
otros colegas del mundo científico, no son tan optimistas a la hora de valorar
las posibilidades de que existan otros seres en el Universo, lo que reduciría a
la Tierra y sus habitantes a un ente único y aún más valioso.

Basan sus argumentos en la gran cantidad de condiciones especiales que parecen
haberse dado en la Tierra y que al mismo tiempo han resultado ser esenciales
para el desarrollo de la vida. Condiciones en cierta manera casuales y que, al
no existir y coincidir en otros lugares, dificultan una repetición del mismo
proceso que nos ha traído hasta aquí.

Los dos científicos no niegan que pueda haber vida en otros planetas (quizá
distinta a la que conocemos), pero sí que afirman que la evolución necesita un
período muy largo para dar paso a la aparición de seres complejos como los
animales o nosotros mismos, algo que quizá muy pocos planetas pueden llegar a
experimentar.

Especialmente crucial es mantener el equilibrio durante mucho tiempo en
ingredientes tales como la temperatura o la disponibilidad de agua líquida. Si
bien los microbios pueden vivir en circunstancias extremas, esto no es cierto
para seres más evolucionados como las plantas y los animales, los cuales
requieren una gran estabilidad en las condiciones ambientales.

Nuestros estudios indican que durante el 90 por ciento de la edad de nuestro
planeta, la vida se circunscribió al fondo de los océanos. Por tanto, tuvo muy
pocas oportunidades de prosperar en dirección a la complejidad de la que ahora
disfruta.

Algunos factores que hay que tener en cuenta para justificar la aparición y el
desarrollo de la vida son: la distancia adecuada entre el Sol y la Tierra, que
permite la disponibilidad de un hábitat apropiado para la vida compleja y
asegura que el agua se mantenga líquida (y no como vapor o hielo); la Tierra
posee una masa ideal para retener una atmósfera y los océanos en su forma
actual, así como un sistema de placas tectónicas que actúan como una especie de
termostato atmosférico, dando lugar a masas sólidas y a la mejora de la
diversidad biótica; nuestro planeta disfruta asimismo de la presencia cercana de
un gran planeta como Júpiter, ni muy próximo ni muy lejano, cuya gravedad ayuda
a reducir el riesgo de llegada de cometas y asteroides que puedan impactar
contra él; la Tierra posee además una órbita estable, no perturbada por planetas
mucho mayores, y una Luna grande a la distancia precisa para estabilizar su
inclinación orbital, asegurando que las fluctuaciones climáticas estacionales no
sean demasiado severas; y por último, dispone de suficiente carbono como para
facilitar el desarrollo de la vida, pero no demasiado como para provocar una
condición de "efecto invernadero".

La propia posición del Sistema Solar en la galaxia Vía Láctea es clave. Muy al
borde de su disco, las estrellas carecen de los metales útiles para la formación
de planetas, y muy cerca del núcleo galáctico se desarrollan procesos
energéticos demasiado peligrosos para la vida.

Por supuesto, el "paraíso" en el que nos encontramos no durará siempre. Un día,
el Sol se hará viejo, crecerá y la Tierra verá evaporados sus océanos. Todo
rastro de vida habrá desaparecido.

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